Ingredientes:
papa rayada
zanahoria rayada
cebolla molida
queso chedar
harina comun
paprika
huevo
Mezclar todo y freir
Despues de freir un poquito de sal
Lau
martes, 21 de mayo de 2013
martes, 7 de mayo de 2013
Tanzan y Ekido
La historia de Tanzan y Ekido, dos monjes Zen que caminaban por un sendero rural anegado a causa de la lluvia ilustra maravillosamente la incapacidad o la falta de voluntad de la mente humana para dejar atrás el pasado.
Cuando se acercaban a una aldea, tropezaron con una joven que trataba de cruzar el camino pero no quería enlodar su kimono de seda. Sin pensarlo dos veces, Tanzan la alzó y la pasó hasta el otro lado.
Los monjes continuaron caminando en silencio.
Cinco horas después,
estando ya muy cerca del templo donde se alojarían,
Ekido no resistió más...
"¿Por qué alzaste a esa muchacha para pasarla al otro lado del camino?"
preguntó. "Los monjes no debemos hacer esas cosas".
"Hace horas que descargué a la muchacha", replicó Tazan.
"¿Todavía llevas su peso encima?"
Imaginemos cómo sería la vida para alguien que viviera como Ekido todo el tiempo, incapaz de dejar atrás las situaciones del pasado, acumulando más y más cosas. Pues así es la vida para la mayoría de las personas de nuestro planeta.
¡Qué pesada es la carga del pasado que llevan en su mente!
El pasado vive en nosotros en forma de recuerdos, pero estos por sí mismos no representan un problema.
De hecho, es gracias a la memoria que aprendemos del pasado y de nuestros errores. Los recuerdos, es decir, los pensamientos del pasado, son problemáticos y se convierten en una carga únicamente cuando se apoderan por completo de nosotros y entran a formar parte de lo que somos.
Nuestra personalidad, condicionada por el pasado, se convierte entonces en una cárcel. Los recuerdos están dotados de un sentido de ser, y nuestra historia se convierte en el ser que creemos ser.
Ese "pequeño yo" es una ilusión que no nos permite ver nuestra verdadera identidad como Presencia sin forma y a temporal.
Sin embargo, nuestra historia está compuesta de recuerdos no solamente mentales sino también emocionales: emociones viejas que se reviven constantemente. Como en el caso del monje que cargó con el peso de su resentimiento durante cinco horas, alimentándolo con sus pensamientos, la mayoría de las personas cargan durante toda su vida una gran cantidad de equipaje innecesario, tanto mental como emocional. Se imponen limitaciones a través de sus agravios, sus lamentos, su hostilidad y su sentimiento de culpa.El pensamiento emocional pasa a ser la esencia de lo que son, de manera que se aferran a la vieja emoción porque fortalece su identidad.
Debido a esta tendencia a perpetuar las emociones viejas, casi todos los seres humanos llevan en su campo de energía un cúmulo de dolor emocional, el cual he denominado "el cuerpo del dolor".
Sin embargo, tenemos el poder para no agrandar más nuestro cuerpo del dolor.
Podemos aprender a romper la costumbre de acumular y perpetuar las emociones viejas "batiendo las alas" y absteniéndonos de vivir en el pasado, independientemente de si los sucesos ocurrieron el día anterior o hace treinta años.
Podemos aprender a no mantener vivos en la mente los sucesos o las situaciones y a traer nuestra atención continuamente al momento puro y a temporal del presente, en lugar de obstinarnos en fabricar películas mentales.
Así, nuestra presencia pasa a ser nuestra identidad,
desplazando a nuestros pensamientos y emociones.
No hay nada que haya sucedido en el pasado
que nos impida estar en el presente;
y si el pasado no puede impedirnos estar en el presente...
¿qué poder puede tener?
Cuando se acercaban a una aldea, tropezaron con una joven que trataba de cruzar el camino pero no quería enlodar su kimono de seda. Sin pensarlo dos veces, Tanzan la alzó y la pasó hasta el otro lado.
Los monjes continuaron caminando en silencio.
Cinco horas después,
estando ya muy cerca del templo donde se alojarían,
Ekido no resistió más...
"¿Por qué alzaste a esa muchacha para pasarla al otro lado del camino?"
preguntó. "Los monjes no debemos hacer esas cosas".
"Hace horas que descargué a la muchacha", replicó Tazan.
"¿Todavía llevas su peso encima?"
Imaginemos cómo sería la vida para alguien que viviera como Ekido todo el tiempo, incapaz de dejar atrás las situaciones del pasado, acumulando más y más cosas. Pues así es la vida para la mayoría de las personas de nuestro planeta.
¡Qué pesada es la carga del pasado que llevan en su mente!
El pasado vive en nosotros en forma de recuerdos, pero estos por sí mismos no representan un problema.
De hecho, es gracias a la memoria que aprendemos del pasado y de nuestros errores. Los recuerdos, es decir, los pensamientos del pasado, son problemáticos y se convierten en una carga únicamente cuando se apoderan por completo de nosotros y entran a formar parte de lo que somos.
Nuestra personalidad, condicionada por el pasado, se convierte entonces en una cárcel. Los recuerdos están dotados de un sentido de ser, y nuestra historia se convierte en el ser que creemos ser.
Ese "pequeño yo" es una ilusión que no nos permite ver nuestra verdadera identidad como Presencia sin forma y a temporal.
Sin embargo, nuestra historia está compuesta de recuerdos no solamente mentales sino también emocionales: emociones viejas que se reviven constantemente. Como en el caso del monje que cargó con el peso de su resentimiento durante cinco horas, alimentándolo con sus pensamientos, la mayoría de las personas cargan durante toda su vida una gran cantidad de equipaje innecesario, tanto mental como emocional. Se imponen limitaciones a través de sus agravios, sus lamentos, su hostilidad y su sentimiento de culpa.El pensamiento emocional pasa a ser la esencia de lo que son, de manera que se aferran a la vieja emoción porque fortalece su identidad.
Debido a esta tendencia a perpetuar las emociones viejas, casi todos los seres humanos llevan en su campo de energía un cúmulo de dolor emocional, el cual he denominado "el cuerpo del dolor".
Sin embargo, tenemos el poder para no agrandar más nuestro cuerpo del dolor.
Podemos aprender a romper la costumbre de acumular y perpetuar las emociones viejas "batiendo las alas" y absteniéndonos de vivir en el pasado, independientemente de si los sucesos ocurrieron el día anterior o hace treinta años.
Podemos aprender a no mantener vivos en la mente los sucesos o las situaciones y a traer nuestra atención continuamente al momento puro y a temporal del presente, en lugar de obstinarnos en fabricar películas mentales.
Así, nuestra presencia pasa a ser nuestra identidad,
desplazando a nuestros pensamientos y emociones.
No hay nada que haya sucedido en el pasado
que nos impida estar en el presente;
y si el pasado no puede impedirnos estar en el presente...
¿qué poder puede tener?
miércoles, 13 de febrero de 2013
Como Fue? Pero de ti me enamore
Como fue,
no se decirte como fue
No se explicar lo que paso
Pero de ti me enamore
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Rosario Flores- Algo de Mí
... te quedas
Porque formas parte de mi
Y en mi casa
Y en mi alma
Hay un sitio para ti
lunes, 19 de noviembre de 2012
Sigo caminado en el desierto
Que milagro tiene que pasar para que me ames
Que estrella de el cielo ha de caer para poderte convencer
Que no sienta mi alma sola, quiero escaparme de este eterno anochecer
...Pero puedo darte un corazón que es verdadero
Mis alas en el viento, necesitan de tus besos
Acompañame en el viaje que volar solo no puedo
...Tanto tiempo he naufragado, y yo sé que no fué en vano
No he dejado de intentarlo, por que creo en los milagros
Sigo caminado en el desierto de el deseo
Tantas madrugadas he perdido en el recuerdo
Viviendo el desespero, Muriendo en la tristeza por no ver cambiar ese destíno
(David Bisbal- Mi Princesa)
Que estrella de el cielo ha de caer para poderte convencer
Que no sienta mi alma sola, quiero escaparme de este eterno anochecer
...Pero puedo darte un corazón que es verdadero
Mis alas en el viento, necesitan de tus besos
Acompañame en el viaje que volar solo no puedo
...Tanto tiempo he naufragado, y yo sé que no fué en vano
No he dejado de intentarlo, por que creo en los milagros
Sigo caminado en el desierto de el deseo
Tantas madrugadas he perdido en el recuerdo
Viviendo el desespero, Muriendo en la tristeza por no ver cambiar ese destíno
(David Bisbal- Mi Princesa)
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